Conoce a ...

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Bosques, cuevas, barrancas y hasta nuestros propias casas son hogar de distintos seres vivos. En ‘Conoce a’ exploraremos la forma de vida de estos organismos con los que compartimos banquetas, árboles, lagos y distintos sitios en la Ciudad de México. Conoceremos sus hábitos, interacciones y la manera en que podemos ayudar en su cuidado.

 

 

El observador nocturno de los bosques: el Búho cornudo

Toda historia fantástica, de misterio o de terror, cuenta que mientras vas caminando por los bosques en medio de la oscuridad, en las lejanías se escucha un aullido o ululo, y a pesar de no saber el origen del sonido, una críatura te puede ver en medio de la oscuridad acechándote con sus grandes ojos amarillos, sin embargo, no hay nada que temer, pues se trata del búho cornudo, el cual, por sorprendente que parezca, lo podemos encontrar en nuestro ecosistema chilango.

El búho cornudo es un ave de gran tamaño; es, de hecho, la especie de búho más grande en la zona neotropical. Se distingue por presentar un disco facial que va del color café a anaranjado, con un borde blanquecino alrededor de los ojos y una corona oscura; en su garganta su plumaje es blanco; sus ojos son amarillos y finalmente en la zona superior de su cabeza presenta sus distintivas grandes plumas a manera de cuernos, de ahí su nombre. En la zona de las patas los tarsos y los dedos están completamente emplumados. El plumaje varía en tonalidades oscuras en climas cálidos- húmedos, y más claro en climas fríos.

El búho cornudo tiene una amplia distribución a lo largo de toda América, debido a su amplio rango de distribución presenta variaciones de tamaño dependiendo de la zona y del ecosistema donde habite; por ejemplo, se le puede encontrar en los bosques de pino-encino, manglares, bosques pantanosos, bosques tropicales, desiertos, páramos, áreas abiertas asociadas a zonas boscosas, plantaciones de café y pastizales con árboles aislados.

En el país lo encontramos desde el norte de México incluyendo la península de Baja California, hasta el sur en la Península de Yucatán. En la Ciudad de México se distribuye en las zonas montañosas de bosque de pino-encino del sur y suroeste, en las alcaldías Cuajimalpa, Álvaro Obregón, La Magdalena Contreras, Tlalpan y Milpa alta. Esta especie de búho se considera tolerante a las actividades humanas, por lo que puede ser observado ocasionalmente en parques urbanos.

Se le ha visto en zonas urbanas de Ciudad Universitaria, en Coyoacán, y en la UAM Iztapalapa, así como en localidades cercanas a la Sierra de Guadalupe, en la Gustavo A. Madero. También se ha llegado a observar en zonas agrícolas de Tláhuac y finalmente en zonas de canales y chinampas de Xochimilco. A pesar de su amplia distribución en el país, hay poca información sobre el estado actual de sus poblaciones y su rango de distribución actual.

El búho cornudo es una especie depredadora generalista y oportunista, es decir, que puede alimentarse de cualquier especie que se presente en el ecosistema; sobre todo de aquellas con alta densidad poblacional y alta tasa de reproducción, como algunas especies de mamíferos medianos y pequeños, que son su principal fuente de alimento. Algunos ejemplos son: roedores, conejos, coatis, zorrillos y tlacuaches; también se ha visto que se alimenta de aves como tiranos y palomas; de reptiles como lagartijas y serpientes; e incluso algunos insectos como chapulines y escarabajos. Por la dinámica de su alimentación, el búho cornudo juega una importante función ecológica, controlar plagas en áreas naturales y zonas urbanas. 

El búho cohabita en ocasiones cerca de otras especies de aves rapaces como las aguilillas y halcones, sin embargo, no lo hace con otras especies de búhos medianos y pequeños, como los tecolotes, ya que son de menor tamaño, lo que las hace ser unas presas fáciles para el búho cornudo. 

En las culturas prehispánicas, se le asociaba al búho cornudo con entes espirituales. Se decía que era el maestro de la clarividencia. Otras culturas le temían, pues era considerado el mensajero del inframundo e incluso se creía que sabía el camino hacia ese lugar. También, en las culturas mesoamericanas como la maya, el búho era un símbolo de sabiduría y respeto, sin embargo, con la llegada de los europeos se inició una larga historia de persecución, caza y depredación del búho, dando inicio a una serie de afectaciones causadas por las actividades humanas tales como:

 

  • Pérdida de hábitat natural por la deforestación de bosques y zonas arboladas 
  • Disminución en las poblaciones principales de su presas
  • Muerte por actividades de caza ilegal.
  • Muerte debido al choque contra autos y camiones
  • Electrocución por cables
  • Colisiones contra edificaciones humanas (edificios, hélices, antenas)
  • Uso de plaguicidas para control de roedores afectando indirectamente al búho.

 

Se puede decir que debido a esto las principales afectaciones se dan en las áreas boscosas  ya que han sido las que presentan una mayor pérdida en su biodiversidad llegando a modificar la arquitectura natural de paisaje , el búho cornudo puede adaptarse a estas áreas modificadas por el hombre, pero este requiere de estas zonas boscosas para su reproducción requiere de áreas boscosas para su reproducción.

Es por eso que es sumamente importante mantener y proteger los bosques para que las especies que ahí viven, puedan desarrollar su ciclo de vida y coexistir en armonía con los humanos, ya que a pesar de ser una especie nativa en México, la normatividad del búho cornudo es categorizado como especie de preocupación menor (LC), y aunque se necesitan más estudios biológicos y ecológicos para tener mejores bases de información sobre su estatus actual, planes de manejo y conservación de especies, ayudará al estado actual de esta especie ya que hay leyes internacionales como es la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) que la protegen del tráfico ilegal y comercialización.

Por ello,  cuidemos, respetemos y conservemos nuestros recursos biológicos como los bosques, ríos, barrancas y áreas naturales, para tener la fortuna de escuchar por la noche en el bosque el ululo del magnífico observador nocturno de los bosques.

 

Bibliografía: 

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