Conoce a ...

Bosques, cuevas, barrancas y hasta nuestros propias casas son hogar de distintos seres vivos. En ‘Conoce a’ exploraremos la forma de vida de estos organismos con los que compartimos banquetas, árboles, lagos y distintos sitios en la Ciudad de México. Conoceremos sus hábitos, interacciones y la manera en que podemos ayudar en su cuidado.



 

Sopa de frijol


Si no se te ocurre qué puedes comer o cocinar, te recomendamos esta práctica receta que puedes elaborar con las cosas que ya tienes en casa. Toma nota y no te pierdas el paso a paso de la sopa de frijol.

Ingredientes para 6 porciones: 2 jitomates, ½ cebolla, un chorrito de aceite, 2 cucharadas de consomé de pollo, pimienta, queso panela en cuadritos, totopos, por supuesto, frijoles negros cocidos y molidos; tierra, suelo fértil, un poco de humedad y temperaturas de 10 a 27°C. ¿Qué? Así es, en realidad los tres últimos ingredientes son los primeros que debemos tomar en cuenta porque sin ellos no tendríamos frijoles, sin éstos, no podríamos cocinar la sopa ni otros platillos ricos en proteínas y sabor que tanto caracterizan la cultura mexicana.

El frijol forma parte de la familia de plantas conocidas como leguminosas, uno de los conjuntos vegetales más abundantes a nivel mundial. Es una fuente importante de fibra, carbohidratos, vitamina B9, antioxidantes, minerales, aminoácidos, proteínas y fitoquímicos los cuales favorecen por ejemplo: la digestión, ayudan a las personas con diabetes y reducen los niveles de colesterol.

Ha sido una legumbre controversial, a lo que su origen refiere, dado que algunos biólogos y agrónomos afirman que proviene de la región andina, mientras que otros aseguran es de procedencia mesoamericana. La verdad es que, tras varios estudios: bioquímicos y arqueológicos se demostró que las raíces del frijol son mexicanas, ya que su cultivo, de origen, se concentró en la región centroamericana, especialmente en el occidente y sur de México, de ahí se extendió a Sudamérica.

Año con año, la producción del frijol mejora la calidad de la tierra en donde son cultivados debido a la fijación de nitrógeno que realiza en ella, pero, ¿qué significa? Que durante su crecimiento se relaciona simbióticamente con la rhizobia, una bacteria que ayuda a fijar el nitrógeno en nuestros suelos, con el tiempo este hecho fortalece las futuras cosechas. De manera que, cuando los suelos de conservación producen este tipo de colectas, hay un intercambio ambiental muy importante para impulsar, ¡la agricultura sustentable de nuestra ciudad y mantener vivos los suelos de conservación!

Además, frijol y maíz han forjado una relación muy estrecha, dado que el tallo del maíz funge como sostén de la enredadera del frijol, lo que favorece su producción. Este tipo de cultivos beneficia el control biológico de insectos y es ecológico por los nutrientes fijados en el suelo.

Dado que su siembra se realiza a mano, es una economía circular en las regiones de la cosecha; productores, vendedores y marchantes se benefician del frijol y, a su vez, el medio ambiente recibe grandes aportaciones ecológicas. Los agricultores realizan un pequeño hoyuelo en la tierra para poder enterrar una semilla, el siguiente frijolito se entierra a una distancia de 6 cm y entre hileras se separan como 60 cm.

Cuando crecen los tallitos y flores tiernas pueden cortarse y cocinarse fritos, hervidos o en ensaladas frescas; también se consumen las vainas (ejotes) que resguardan las semillas antes de tomar el tamaño adecuado para ser distribuidos en el mercado de las leguminosas y productos secos. Además, tiene un sinfín de ventajas, ya que se puede almacenar en casa por mucho tiempo en lugares secos y no pierden su valor nutricional, ¿interesante, no? 

Y su gama de colores y sabores que brindan en la cocina es amplia, pues en México contamos con 50 especies, entre ellos: negros, amarillos, morados, blancos, moteados, bayos y pintos.

En resumen, el frijol representa el cultivo clave en la dieta de las mexicanas y los mexicanos al producirse en diversos estados del país, pero no olvidemos que los principales productores en la Ciudad de México se encuentran en los pueblos de Cuajimalpa, Milpa Alta, Tláhuac y Xochimilco. Una receta clave para nuestra cocina y para mantener en pie la salud de cada ser humano junto con la salud del medio ambiente: frijoles, suelo y un ecosistema sano a través de la agricultura nacional, nativa y ambiental.